martes, 29 de abril de 2014

UN ESCRITOR QUE AMABA A LAS MUJERES

Por Milagros Garcia Bueno

A-Dios a UN ESCRITOR QUE AMABA A LAS MUJERES
Gabriel García Márquez
En los distintos artículos que hemos leído en estos días, donde se hacía homenaje a ese gran escritor y premio Nobel de la Literatura, Gabriel García Márquez, nos hablan de la unión estrechísima que siempre ha tenido con las mujeres. Entre las protagonistas de su libro más conocido, “Cien años de soledad”, podemos encontrar muchas mujeres de su vida, como el personaje de la mítica Úrsula, inspirada en la madre del escritor: la clarividente Luisa Santiaga Márquez Iguarán.
Tal vez las leyendas y las historias mágicas que Gabriel escuchaba de niño en Aracataca (un pueblo fluvial de su Colombia natal, que ya al pronunciarlo parece sacado de un cuento) han dejado señal, así como los años de reportero en “El Universal” en Cartagena y después en Bogotá. En aquellos años de formación se perfiló una lengua formidable y nació el “realismo mágico”, una corriente literaria que en la segunda mitad del novecientos, que introducía realidad y ficción, colores y fantasía,  y que dio a conocer al mundo la literatura sudamericana, desencadenándose así la pasión por García Márquez, ofreciéndonos el romance de lengua española más leído del planeta y el más amado por las mujeres.
García Márquez ha hecho culto a las mujeres y a su figura romántica. Desde prostitutas (que en su narrativa son tantas), a niñas de sexualidad precoz y explosiva, adolescentes portadoras de un inaudito e incomprensible coeficiente de seducción, mujeres eternamente enamoradas, o matriarcas que han dado vida a los hijos… todas son siempre figuras mitológicas… y además… el emblema de la mujer a los ojos de un hombre. Y podemos descubrirlas en sus romances “Cien años de Soledad”, “Amor en los tiempos del cólera”, “Crónica de muerte anunciada” y el último romance “Memoria de mis putas tristes”.
En una entrevista en la célebre revista literaria americana “The Paris Review” García Márquez entre otras cosas nos dice: “Cien años de soledad” estaba basado en el mundo en el cual mi abuela me contaba las historias. Contaba cosas que parecían sobrenaturales y fantásticas, pero las decía con absoluta naturaleza. Lo que era más importante era la expresión de su cara. No cambiaba nunca aquella expresión cuando contaba sus historias y todos quedaban sorprendidos. En la primera tentativa de escribir cien años de soledad intente contar la historia sin creer, hasta que descubrí que lo que tenía que hacer era creer en mi historia y escribirla con la misma expresión con la que mi abuela la contaba.
La realidad es que García Márquez no ha muerto porque continúa a estar entre nosotros a través de ese arte narrativo, exquisitamente femenino, aprendido de su abuela. Un arte que le lleva a ver a la mujer con otros ojos, como dice en una de sus expresiones: “En todo momento de mi vida hay una mujer que me lleva de la mano en las tinieblas de una realidad que las mujeres conocen mejor que los hombres y en las cuales se orientan mejor con menos luces”.
He aquí un recuerdo de su evocación hacia la mujer:
“El dulce sabor de una mujer exquisita”
Si aún no ha pasado el bisturí por tu piel, si no tienes implantes de silicona en alguna parte de tu cuerpo, si los rollitos no te generan trauma, si nunca has sufrido de anorexia o bulimia, si tu estatura no afecta tu desarrollo personal, si cuando vas a la playa prefieres divertirte en el mar y no estar sobre una toalla durante horas o tapada ocultando tu cuerpo, si crees que la fidelidad  es posible y la practicas, si sabes cómo se prepara un arroz, si puedes preparar un almuerzo completo con postre, si tu prioridad no es ser rubia a como dé lugar, si no te levantas a las 4:00 a.m. para llegar de primera al gimnasio, si puedes salir con ropa de gimnasia tranquila a la calle un domingo sin una gota de maquillaje en el rostro...
ESTÁS EN VÍA DE EXTINCIÓN... Eres una mujer exquisita!
Una mujer exquisita no es aquélla que más hombres tiene a sus pies; sino aquélla que tiene uno sólo que la hace realmente feliz. Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo; es aquélla que con tan sólo una franca y abierta sonrisa, con una simple caricia y un buen consejo puede alegrarte la vida. Una mujer valiosa no es aquélla que tiene más títulos, ni más cargos académicos. Una mujer exquisita no es la más ardiente (aunque si me preguntan a mí, todas las mujeres son muy ardientes... y los que estamos fuera de foco somos los hombres); sino la que vibra al hacer el amor solamente con el hombre que ama. Una mujer interesante no es aquélla que se siente halagada al ser admirada por su belleza y elegancia; es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO.
Y un HOMBRE... UN HOMBRE EXQUISITO 

es aquél que valora a una mujer así. Que se siente orgulloso de tenerla como compañera... Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento... Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y tender la ropa, hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes...
La verdad, compañeros hombres, es que las mujeres en eso de ser "muy machas"
nos llevan un gran recorrido...
¡Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el "regalo" solamente por la vistosidad de su empaque!
Tonto y mil veces tonto el hombre que come bagazo en la calle, teniendo un exquisito manjar en su casa.
Gracias,

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